
Las personas mayores aman las cifras. Cuando les habláis de un nuevo amigo, no os interrogan jamás sobre lo esencial. Jamás os dicen: ” ¿ Cómo es el timbre de su voz? ¿ Cuáles son los juegos que prefiere? ¿ Colecciona mariposas? ” En cambio, os preguntan: ” ¿ Qué edad tiene? ¿ Cuántos hermanos tiene? ¿ Cuánto pesa? ¿ Cuánto gana su padre? ” Sólo entonces creen conocerle. Si decís a las personas mayores: ” He visto una hermosa casa de ladrillos rojos con geranios en las ventanas y palomas en el techo…”, no acerterán a imaginarse la casa. Es necesario decirles: ” He visto una casa de cien mil francos.” Entonces exclaman: ” Qué hermosa es”
– Si alguien ama a una flor de la que no existe más que un ejemplar entre los millones y millones de estrellas, es bastante para que sea feliz cuando mira a las estrellas. Se dice: ” Mi flor está allí, en alguna parte…” Y si el cordero come la flor, para él es como si, bruscamente, todas las estrellas se apagaran. ¿Y esto, no es importante? ( 2000, p. 24-37)

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